Nos asombramos con las noticias sobre la guerra comercial entre países: nuevos aranceles, represalias, inflación, escasez de productos. Vemos cómo dos gigantes se enfrentan con sus economías como campo de batalla… y los consumidores, como víctimas colaterales.
Pero, en logística, ¿no estamos haciendo lo mismo?
Solo que aquí no usamos aranceles, usamos tarifas.
Hoy es común que un cliente, al solicitar una cotización, ya no pregunte: ¿cuánto cuesta tu servicio y qué valor me ofrece?
No. Ahora llega el famoso target adjunto:
“Te paso cuánto estoy dispuesto a pagarte. A ver si puedes.”
Y así empieza la guerra silenciosa.
Una carrera cuesta abajo, donde todos compiten a ver quién cobra menos.
📉 Reducimos calidad, exprimimos a los operadores, recortamos procesos, aceleramos entregas sin seguridad… todo para “pegarle al target”.
¿Y el resultado?
• Clientes con expectativas irreales,
• Proveedores con márgenes al límite,
• Servicios cada vez más frágiles,
• Y un ecosistema que se desgasta sin ganar verdaderamente nada.
No hemos entendido que, igual que en las guerras comerciales, en esta guerra todos salimos perdiendo.
Porque cuando el precio es lo único que importa, el valor desaparece.
Y sin valor, no hay fidelidad, ni eficiencia, ni futuro.
💡 ¿La solución?
Volver a negociar con visión, no con miedo.
Entender que detrás de cada tarifa hay personas, procesos, infraestructura, cumplimiento y compromiso.
No se trata de cobrar más por cobrar más. Se trata de cobrar justo por un servicio que funcione, resuelva y dure.


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